María Alemandi “No sé si creo en algo. Hice un nivel de Reiki y casi no lo practico. Por eso cuando recibí la primera Diksha, no tenía expectativas. Pero me equivoqué. Antes de empezar, los Diksha Givers nos dijeron que podíamos pedir una intención. Yo repetí la mía desde que hicimos los ejercicios de respiración. La música fue lo primero que me trajo la sensación de que mis pensamientos se disolvían. La mente se olvidó de los pendientes, los compromisos, las angustias. Cuando unas manos se apoyaron en mi cabeza, mi cuerpo habló: empezó a sacudirse con temblores involuntarios, como cuando temblás de frío, pero sin frío. Además tenía la sensación de que aunque estaba sentada, bailaba por dentro. Al terminar, volví a mi casa en colectivo e hice un recorrido que conozco, pero vi cosas que antes no había visto”. |